
Recuerdo una discusión sobre cual era el punto más alejado de Sydney sobre la tierra. Yo defendía que Australia es casi las antipodas de España. Una busqueda en la Wikiedia (que todo lo sabe) me muestra este curioso mapa. Descubri con él que la isla norte de Nueva Zelanda es, exáctamente, las antipodas de Madrid. Se puede ir mas lejos pero, no mucho más.
La diferencia horaria, en esta época del año son +10 horas y, al tratarse del hemisferio sur, es verano. Resulta descolocante y desubicante cambiar de la noche al día y del verano al invierno. El caso es que ¡me encanta la experiencia!.
Una vez en el aeropuerto me dirijo al control de pasaportes y demuestran una buena organización. Una vez han pasado los australianos, nos dirigen a los extranjeros a las ventanillas de control dedicadas para los locales. En un tiempo record atravesamos los pasajeros del 747 el control.
La cinta de equipajes los escupe más rápido de lo que se pueden recoger. Sin embargo, el mío no aparece. Que desesperante resulta saber que tendrás que llevar la misma ropa con la que ya has pasado más de 40 horas, al menos durante 12 horas más. Tras la reclamación tomo el coche alquilado y me dirijo hacia el sur a Canberra. Por una vez el jet-lag va a mi favor y me permite conducir de noche sin tener sueño.
Sydney me da la bienvenida con una noche fresca y veraniega.
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